Mostrando entradas con la etiqueta edificio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta edificio. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de diciembre de 2016

¿NIEBLA, ERES TÚ?



   Me ha hecho mucha ilusión poner el antiniebla trasero por primera vez en mi etapa de conductor. Casi lloro...pero de miedo: ¡¡no se veía nada de nada!! Hoy he comprendido que además de chalecos reflectantes amarillo pollito debo llevar en el coche bengalas de auxilio made in Jurassic Park...



     Lo mejor fue tras aparcar, ver como los pocos viandantes se te quedan mirando incrédulos mientras haces fotos. No creo que la niebla, el frío mortal y que fuera la 1:00 a.m. ayudasen mucho.



miércoles, 14 de septiembre de 2016

DE REGRESO DE LAS VACACIONES




   Las nubes también estaban de vacaciones. Sólo faltaban ellas ahora que todos los becerros han vuelto. Que se queden arriba por un tiempo y poquito a poco vayan tapando el cielo entre tantas luces difusas.

viernes, 29 de julio de 2016

LA ÚLTIMA CLIENTA



   Cuando eres dependiente de una tienda y te quedan 5 minutos para cerrar la tienda, lo que menos gracia te hace es ese cliente de última hora que "no ha tenido tiempo de pasarse antes" pese a hacer gala de pelo mojado y ropa de piscina. Sospechoso.

   Y siempre son los mismos: esta vez no sería distinto. El desenlace fue salir 20 minutos tarde (casi ná para ellos) pero que te regalan estos paisajes. No faltó el espontáneo que en medio de la toma, se plantó delante para descalzarse, quitarse una piedrecita de la sandalia y seguir su camino.

   Los espontáneos y la última clienta, aiiins...¿Cómo sería un día sin ellos?

jueves, 7 de julio de 2016

ME HE CAGAO




   ¡Dani, pon nombre a las fotos! ¡Un título o algo!

   Me cuesta un montón poner título a una foto a no ser que nazca de una de esas ideas locas escritas. Ahí primero nace el texto y luego la fotografía. Pero hoy no fue así. Ésta sí tiene nombre, la he llamado:

   "Me he cagao"

   ¿Es importante contar una historia con nuestras fotografías, no? Eso dicen muchos...Pues nada, más contada no puede estar: noche de tormenta veraniega en un Simancas madrileño, lluvia, truenitos, luces y esas cosas. Dani con su cámara desde un cuarto piso, mojándose con algunas gotas intrusas que se cuelan por la ventana. De repente se ilumina el cielo, truena con fuerza y ya está. 

   "Me he cagao"

   Buen título para una foto, ¿no? Dani cierra la ventanita, apaga la cámara, apaga la luz, se va a un rincón y llora. Que truenaco cayó. Su madre, la mía y la tuya. Cómo se quedaron los edificios iluminados y las gotas congeladas en el aire, junto con el grito que pegó la vecina, os pueden ayudar a haceros una idea del trueno que se pudo escuchar.

   Si me cague o no, literalmente, es una cosa que os dejaré meditar a vosotros. ¿Y es que la cosa  va de que las fotos cuenten una historia, verdad?

martes, 1 de septiembre de 2015

ENVIDIA BAJO EL SOL



   El sol luce hoy amarillo de envidia, tintando todo el cielo con su amargura. No alcanza a comprender que tras un día de tormenta, apagado por las nubes y emborronado por la lluvia y la arena que el viento movió, no se le da espacio como protagonista. 

   "Los edificios no son muy altos. ¿Por qué se atreven a tapar mis rayos?"

    Piensa y repiensa, y con cada pensamiento se envenena más: 

   "¿Qué tienen? ¿Altura? Sí, pero no la suficiente. ¿Un peinado de tejas? ¿Quién las necesita?"


   Y poco a poco se va dando cuenta que va cayendo y que el horizonte se engancha con sus brazos a él llevándolo hacia abajo. Estaba tan concentrado en buscarle la vuelta al robo de su momento, que no se centró en contemplar lo bueno, aunque poco, que tenemos. Los edificios... y nosotros, claro. Algo bueno tenemos que tener, ¿no?

   Mientras el sol ya piensa en que mañana será otro día con su cabeza ya cansada de las protestas, no habrás reparado en que el edificio enorme frente al pequeño ansía ser bajito como su compañero, puesto que los rayos del sol le ciegan a él durante más tiempo que a otro cualquiera.

   Un mundo loco, ¿no crees? Buscando siempre el argumento perfecto para un mundo imperfecto.

sábado, 22 de agosto de 2015

TORMENTA DE AYER




   Anoche no dormí en mi habitación.

   La tormenta se había estado acercando tímidamente, cada vez con más relámpagos atrevidos, dispuestos a arrancar el sueño. Cogí la almohada y me dirigí al sofá del salón. Con la ventana abierta de par en par y esta vez sí: con una camisa como refuerzo a ese aire  que se colaba por la ventana sin haber sido invitado. Me estiré todo lo que pude hasta que mis pies sobrepasaron el largo del sofá, no es de los grandes. Miraba a la ventana, embaucado por la luz de los rayos que en más de una ocasión iluminaron el cielo.
   La curiosidad me pudo en uno de los momentos en los que vi uno quebrar el cielo. Me levanté y me apoyé en la ventana, encima del sofá, esperando ver otro envidioso contornearse de la misma manera entre las nubes oscuras. El trueno que lo acompañaba no tardó en hacerse presente haciendo temblar los cristales de las ventanas. Observé como en algunas casas de los edificios vecinos se encendían las luces, con sus dulces sueños atropellados. Al cabo de un rato se volvían a apagar. Logré ver una cabecita asomarse fugazmente ante el atropello de la lluvia.
   Ahhhh,la lluvia: se hizo de rogar, como siempre. Me preguntaba como sería oírla caer esta vez, tan lejos del suelo. Olvidaba lo que había sido vivir tan arriba, nunca me gusto tener los pies en el suelo y ahora no podía estar mejor. Y es que tiene algo que las gotas no lleguen al suelo de la calle, mira: inmolarse contra la ventana con la esperanza de llamar tu atención y que salgas a ver  el espectáculo que afuera acontece.
  Y fue apagándose. Tronando algo más débil, iluminándose cada vez menos. Me reincorporé en el sofá. Mi idea de no dormir en la cama se mantendría inamovible esa noche. Cada  vez más se oían los neumáticos de algún valiente coche a través de la calzada, violando los charcos del suelo por la mitad. Y las gotas....ahora prácticamente inexistentes. Durmiéndome, otro coche levantando agua y un trueno a lo lejos despidiéndose. Abrí los ojos para verlo una vez mas: un rayo blanco desfigurando las nubes. Respiré el frescor del aire, cómplice de la tormenta, esperando su último suspiro.