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lunes, 12 de febrero de 2018

GOTAS DE NIEVE



   Ya hay más gotas de agua dispuestas a dejarse la vida contra el suelo que días han pasado de este mes. No se lo piensan mucho: recorrieron el poco camino que pudieron en el árbol y ahora miran a la vertiginosa caída sin esperanza ni intención alguna de hacer algo por evitarlo. Se van deslizando, escurriéndose hacia el extremo. Una de ellas mira a las demás cuando está a punto de caer...no comprende por qué ha de hacerlo. No quiere estamparse y se agarra ahora con más fuerza al árbol. En las ramas de al lado, sus compañeras, vacías de sentimiento alguno, se aproximan un poquito más a la caída. Pero ella no quiere: es justo no querer hacerlo, aunque se haya dado cuenta en el último momento.

   De repente, un hombre aparece para fotografiar la escena. La desesperación de la gota por no soltar su propia vida no se ve esperanzada con la llegada de esta persona...no hace nada por ayudarla. Simplemente tiene la cámara en mano y hace fotos. En un acto inhumano la gota sabe que el chico la dejará caer sin ayudarla. Ella se resbala más y más con cada disparo del fotógrafo. Cierra sus ojos con las pocas fuerzas que le quedan mientras otra gota más pequeña se le escapa de los ojos. Maldice la tecnología y cómo ha cambiado a los humanos: egoístas, insensibles y morbosos.

   Y de repente, el árbol se empieza a mover bruscamente zarandeado las ramas: una ola de aire pasa sin compasión alguna. La gota cae inevitablemente al ser zarandeada cual juguete. Los momentos ahora se hacen lentos. Se siente caer a cámara lenta, en un momento que parece no querer llegar nunca. Mientras cae y antes de tocar el suelo, ve como las otras gotas también son desprendidas por la fuerza del viento, acompañándola en su camino. Y todas, aún con la misma expresión infeliz.

   Nota: No se maltrató ninguna gota de agua durante la ejecución de la foto. Las gotas que posan en la toma son en realidad copitos de nieve que se han derretido convirtiéndose en lo que ven. Y sí, los copitos sí murieron.

jueves, 7 de julio de 2016

ME HE CAGAO




   ¡Dani, pon nombre a las fotos! ¡Un título o algo!

   Me cuesta un montón poner título a una foto a no ser que nazca de una de esas ideas locas escritas. Ahí primero nace el texto y luego la fotografía. Pero hoy no fue así. Ésta sí tiene nombre, la he llamado:

   "Me he cagao"

   ¿Es importante contar una historia con nuestras fotografías, no? Eso dicen muchos...Pues nada, más contada no puede estar: noche de tormenta veraniega en un Simancas madrileño, lluvia, truenitos, luces y esas cosas. Dani con su cámara desde un cuarto piso, mojándose con algunas gotas intrusas que se cuelan por la ventana. De repente se ilumina el cielo, truena con fuerza y ya está. 

   "Me he cagao"

   Buen título para una foto, ¿no? Dani cierra la ventanita, apaga la cámara, apaga la luz, se va a un rincón y llora. Que truenaco cayó. Su madre, la mía y la tuya. Cómo se quedaron los edificios iluminados y las gotas congeladas en el aire, junto con el grito que pegó la vecina, os pueden ayudar a haceros una idea del trueno que se pudo escuchar.

   Si me cague o no, literalmente, es una cosa que os dejaré meditar a vosotros. ¿Y es que la cosa  va de que las fotos cuenten una historia, verdad?