Mostrando entradas con la etiqueta estudio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta estudio. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de septiembre de 2016

ISABEL



   Después de una tediosa semana de trabajo, fotos de carnet de niños llorando por la vuelta al cole y una niña que me dedicó una linda meada en la tienda, esperaba sobar como si no hubiera un mañana.



   Pero nada más lejos de eso, "ella" había nacido, por lo que el domingo no pudo quedarse sin un book de fotos. Nos salió guerrera, eso sí y comilona; pero fue una magnífica experiencia.                                                                                                    


jueves, 23 de junio de 2016

REENCUENTRO CON LA MUSA



   Todo sea dicho: llegó tarde a la sesión. La cosa no empezó bien, al menos yo con ella nunca empiezo bien las cosas. Tiene esa capacidad para chocar conmigo en todo: las protestas son gratuitas lleve ella o yo razón, la cuestión es molestarse.  Esos "5 minutos más" al despertador se  convirtieron en unos cuantos más para ella y en una eternidad para mí. Reconozco que pasado el enfado previo con ella y una vez en el lugar donde hicimos las fotos, me tuve que pelear con ella, con el reflector, con las manadas de viejecitos que hacen rutas turísticas por los parques y con la hierba mojada que consiguió que me empapase culo y rodillas por igual.


    Sí, la odio. Pero luego me salva la mañana con su estilo.


martes, 13 de octubre de 2015

FINAL DEL TÚNEL

   

   No sabe que sonido suena más fuerte: si las gotas que caen frente a sus deportivas o el eco de éstas al estrellarse en el suelo. "Plic, plic": caen en esa tubería cerrada, con un solo camino a seguir. Abruptamente, como queriendo abrir un túnel a sus pies tras cada caída, en un goteo que se pierde en el eco. Al pasar bajo la grieta del techo, puede sentir como dos o tres gotas le mojan el brazo y se deslizan hacia las puntas de sus dedos.

  Camina sin mirar atrás. Fácil sería hacerlo, pero da pavor encontrarse con los fantasmas pasados ahora que están olvidados y tan lejos de lo que una vez fueron. Sigue la luz que se abre ante sus ojos con la respiración entrecortada, parándose cada ciertos pasos atento a ese ruido que lo acecha a sus espaldas y que intenta congelarle en medio del camino.

   El final del túnel está cerca, casi lo toca con la punta de los dedos. Y esa respiración nauseabunda en su nuca sirve para avisarle que aún le persigue y que ya casi lo alcanza. Al final del túnel...al final de él...no hay sino una luz presa entre barrotes, opuesta a cualquier escapatoria.


martes, 15 de septiembre de 2015

LA ÚLTIMA FOTO QUE TOMARÉ



   ¿Los títulos de las fotografías? Forzados: no me gusta ponerlos. Nada, además. ¿Pero tú? Sí, tú. ¿Serías algo sin nombre? Sí, bueno, claro que lo serías, pero es lo mínimo a lo que puedes llamar "propio". Un nombre con el que se te identifique. Aunque sea repetido hasta la saciedad, aunque sea corto, largo, común, extraño, difícil de escribir o no, compuesto o simple...es tuyo al fin y al cabo.

   "La última foto que tomaré". Sí, lo sé, menudo título para una fotografía...¿no es lo que la gente se suele preguntar a lo largo de su vida haciendo fotos, verdad? ¿Cual será la última fotografía que tomaré antes de morir?

   Haciendo memoria podemos recordar las primeras fotos que hicimos. Al menos, yo puedo. No la primera como tal, de pequeño, al suelo de la calle o al perro que tenías como mascota y el cual solo aparecía por una parte de la fotografía, cortado, flasheado o con los ojos entrecerrados, no... Me refiero a mi primera foto "importante". Como ese primer ladrillo de la casa, la que forma parte de los cimientos. Situado en una colina, no aproveché el teleobjetivo nada más que para dirigirlo hacia abajo a hacer fotos a una persona que iba subiendo por el cerro. Una foto movida y a decir verdad, no saqué ni una foto buena de la sesión. Fue vergonzoso y frustrante. Aún hoy lo sigue siendo.

   Pero el título de la foto no es sinónimo de miedo hacia lo que seré o lo que me convertiré el día de mañana. Ni de si mis fotos serán de una manera o serán distintas a lo que hoy hago: es más complicado que todo eso. En mi cabeza esta idea viaja sola sin parada fija, transbordando unos días sí y otros no, y es así, que ni siquiera sé como explicártelo.

   "La última foto que tomaré" no hace un llamamiento a eso que crees que necesitas. No es ese "objetivo" del que careces y que no encuentras o que no te llega, que buscas tan desesperadamente o te agobia porque ellos te dicen que sus vidas sí tienen sentido mientras la tuya está perdida en ningún lado. Tranquilo, ya te lo digo. ¿Ellos son felices? ¡¡Genial!! ¡Pero, eh! Te contaré un secreto: algunas vidas, quizás la tuya, se resuma en que nunca, jamás de los jamases, pares de bailar. ¿Aunque se acabe la música? ¡Sobre todo si la música se acaba!

   ¿Porque sabes qué? Hay algo más, algo que no te habían contando: no tienes que ser feliz.

   :)

lunes, 24 de agosto de 2015

LAS POMPITAS


   Acerca de los sueños rotos y de los que están por cumplirse.

   De todas esas fotos "quebrándose" delante nuestro,  en ese momento. De todo aquello que no salió bien y de no saber qué hacer cuando las sonrisas, los gestos y esa pose tampoco funcionan. Posiblemente de eso nos reíamos.

   Ya el primer globo que echó a volar fue desviado con tu mano. Lo golpeaste con fuerza en un puro reflejo del niño que llevamos dentro. La risa continuada al saber que la foto no había salido no hicieron sino vaticinar el desastre que venía.

   Emular los Tres Monos Sabios tampoco fue buen idea y recurrimos al plan maestro: las pompas de jabón. Soplar tampoco fue la solución, pues entre las risas y la falta de destreza, contadas fueran las fotos salvables. El ventilador nos ayudó bastante y nunca antes me vi disparando con la cámara en una mano y haciendo pompitas con la otra, sin niguna mano libre. Me lo pusiste difícil, muy difícil, pero bien mereció la pena.



   ¿Qué tendrán las pompitas que nos pueden? Soplarlas a través del aro ya es una gozada e independientemente de la edad, nos quedamos embobados mientras flotan en el aire. Nos cautivan sus colores, su olor limpio a jabón...son mágicas. ¿Y romperlas con el dedo? Cuanto más cerca de la cara y cuanto más salpiquen haciéndonos notar su frescor, mejor. Únicas, capaces de atraer toda nuestra atención. Pero efímeras.

   Y en cada pompita, un deseo. La pregunta es cual se romperá primero.