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martes, 13 de octubre de 2015

FINAL DEL TÚNEL

   

   No sabe que sonido suena más fuerte: si las gotas que caen frente a sus deportivas o el eco de éstas al estrellarse en el suelo. "Plic, plic": caen en esa tubería cerrada, con un solo camino a seguir. Abruptamente, como queriendo abrir un túnel a sus pies tras cada caída, en un goteo que se pierde en el eco. Al pasar bajo la grieta del techo, puede sentir como dos o tres gotas le mojan el brazo y se deslizan hacia las puntas de sus dedos.

  Camina sin mirar atrás. Fácil sería hacerlo, pero da pavor encontrarse con los fantasmas pasados ahora que están olvidados y tan lejos de lo que una vez fueron. Sigue la luz que se abre ante sus ojos con la respiración entrecortada, parándose cada ciertos pasos atento a ese ruido que lo acecha a sus espaldas y que intenta congelarle en medio del camino.

   El final del túnel está cerca, casi lo toca con la punta de los dedos. Y esa respiración nauseabunda en su nuca sirve para avisarle que aún le persigue y que ya casi lo alcanza. Al final del túnel...al final de él...no hay sino una luz presa entre barrotes, opuesta a cualquier escapatoria.


miércoles, 19 de agosto de 2015

PEQUEÑOS PAISAJES OSCUROS




   Un amigo me dijo hace ya tiempo que un buen ejercicio creativo pasaba por aprovechar nuestros estados anímicos en las fotos  que hacíamos. Viendo como la alegría o por contraposición, la tristeza, ¡que demonios! ¡Cualquier otro sentimiento! ¿Cómo se pueden "dibujar" en aquello que capturamos?

   Los contraluces han estado ganando por goleada imponiéndose a cualquier otro método. El mismo paisaje: empiezo a pensar que es algo psicológico, grave. Aunque por otro lado no ha habido muchas oportunidades de desplazarse a otros lugares. La salida de atrás se ha frecuentado mucho y ha dado alguna alegría en estos meses perdidos.

   Las fotos se han convertido en "pequeños paisajes oscuros". Y entre todos, son los azules y rojos, los que más me confunden. Me ponen en la tesitura de sacar la cámara o solamente verlos pasar ignorando la magia del momento eclipsándose, en algo que no se volverá a dar de la misma forma.

   Y así, entre una orgía de rojos, azules, negros y blancos acontece un día más, que intenta llegar a tiempo.

miércoles, 5 de agosto de 2015

DOMINGO ACCIDENTADO




   El domingo fue muy accidentado, no lo negaré.

   La idea era grabar planos y recursos para un proyecto de esos que sólo funcionan en tu cabeza: "Tus 6 segundos". Tenía pensado algún plano nocturno, pero no salió. Un desastre.

   Arrancamos en pleno centro de Madrid y de ahí, entre pasos, llegamos a Príncipe Pío. Por último iríamos a Marqués de Vadillo fortuitamente. Cuando nos dimos por vencidos en la idea de grabar los planos al no ver algo que nos convenciera, pasamos al plan B. Durante 5 horas estuvimos buscando un nuevo lugar sin éxito. Yo quería ir a un sitio concreto, el lugar estaba cerca de Madrid Río, pero no sabía exactamente dónde. Me costó convencer a mi compañero para recorrer todo el río y cuando el sol se escondió, ya a punto de darme yo por vencido también, encontramos un puente que nos animó a sacar las cámaras. 

   Aunque no era el lugar que buscaba intentaría probar lo que tenía en mente: exposiciones nocturnas de más de cinco minutos. Las primeras pruebas no fueron muy allá. Mi compañero se perdió por la estructura mientras yo desde una posición más distante y apartado de todo, me decidí a hacer una exposición de 8 minutos. Al segundo intento tuve que dejarlo: dos personajes que no me dieron buena espina se acercaron a donde estábamos. En plena oscuridad y sin sitio por donde "escapar" ya me veía estrellándoles el trípode en la cabeza. No fue a más: sólo se acercaron a hacer una foto. Sí, la gente si te ve haciendo fotos se acerca y aunque no sepa el motivo ni la intención de lo que intentas, sacará su "founmovail" y hará una foto sin saber muy bien a que. Conclusión: me pasé del tiempo de exposición por varios segundos por estar vigilándoles y la foto salió sobreexpuesta. Cortada de rollo total.


   Decidimos recoger chiringuito y volver al metro. La ironía de todo es que después de las doce de la madrugada y delante de la boca de metro por la que nos metimos, estaba el sitio que estuvimos buscando  durante más de 5 horas. Yo quise buscar un punto para fotografiarlo pero mi compañero empezó a rabiar y nos volvimos para casa.

   Resumen: apuntado en la agenda para el próximo fin de semana. Confío no tardar 5 horas esa vez.