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domingo, 22 de enero de 2017

ESCRITO POR UN NIÑO



   Cuando me veo al espejo no sé si veo a un adulto o a un niño. Mi cara ha envejecido. sí. Las arrugas  poco a poco serán unas invitadas a mi casa a las que no podré cerrar las puertas. Entre tanto y aunque nunca me he resistido a madurar, lo que sí reniego es a perder mi vena infantil. La necesito en mi vida y es gran parte de mi personalidad. No se trata de ser el bufón de tu grupo de amigos, sino de saber disfrutar del momento de las bromas más absurdas y sin sentido: de dar una patada a un balón, de descabezar un muñeco, de presentar a Barbie y a Ken o de dar colo un "Pinta y colorea" empezando siempre por los bordes del dibujo.

   No rechazo tener que llevar traje y corbata, pero tan rápido como llegue a casa cambiaré esa careta. Me gusta ser niño, me gusta reírme de mi mismo y por qué no decirlo, también de los demás. Me gustan los mundos fantásticos, donde no tenga miedo a volar. Donde pueda jugar a los videojuegos las horas que quiera hasta caer exhausto de sueño. Donde pueda leer "Cuentos de cinco minutos" por diez minutos más hasta que el libro se me caiga en la cara en armonía con mis párpados y donde tener mi colección de juguetes de Batman y Las Tortuga Ninja expuestos en una estantería para poder mirarlos cada mañana antes de irme a trabajar...Toy Story me hizo mucho daño...

   Pienso y repiendo continuamente en que morimos cuando dejamos al niño que eramos cogiendo polvo en algún rincón de nuestra vida.

   El mío todavía me guía de la mano.

lunes, 26 de septiembre de 2016

ISABEL



   Después de una tediosa semana de trabajo, fotos de carnet de niños llorando por la vuelta al cole y una niña que me dedicó una linda meada en la tienda, esperaba sobar como si no hubiera un mañana.



   Pero nada más lejos de eso, "ella" había nacido, por lo que el domingo no pudo quedarse sin un book de fotos. Nos salió guerrera, eso sí y comilona; pero fue una magnífica experiencia.                                                                                                    


viernes, 4 de marzo de 2016

LIGHTING TEST WITH TEDDY



   No nos prepararon para esto en la academia. No, de ninguna manera.

   Nos separaban por componentes: los de plástico, los de tela, los mixtos...La instrucción, salvo con alguna variante, era la misma para todos nosotros. A mí me tocó de tela y no miento cuando digo que no me arrepiento de ello. El bullying era continuo en los recreos: "Sois endebles, os romperéis", "Como un hilo se te enganche, adiós brazo-barra/guión pierna, barra/guión brazo", "¡Muñeco de trapo!". Esos comentarios no hacían sino que nos apoyásemos más entre los de tela. Para colmo, los de plásticos eran los abusones de la escuela, debido a que eran los que más golpes aguantaban. Yo les miraba con cierta envidia, pero no podía evitar preguntarme por que algunos de ellos se jactaban de ser de plástico. No eran tan buenos, especialmente la serie Lightyear, a ésos les pasaba algo en la cabeza, aunque no era algo de lo que hablásemos en clase delante de ellos.

   Había una regla mítica. Los profesores decían que las grabáramos a fuego en nuestras cabezas. La repetíamos en clase al empezar y al terminar cada asignatura:

   "Ningún humano os verá en movimiento nunca. Los niños son los que os darán vida con sus acciones, al moveros por ese mundo imaginario que crean en cuestión de segundos, con sus abrazos, con sus babas y con sus lágrimas, cuando os lancen por una ventana imaginaria o contra una pared, al arroparos con ellos al dormir. Vivís junto a ellos".

   "Arroparnos con ellos al dormir"...Un día, a la salida de clase de Interpretación Osuna, mi amigo Winnie me dijo que esa frase estaba hecha especialmente para los ositos Teddy.

   "Somos los que  terminamos durmiendo en la cama con ellos casi siempre, acurrucados en sus abrazos, por mucho que digan esos abusones de plástico".

   Era de los mayores honores entre los juguetes, que el niño te eligiera a ti. Deseaba terminar la academia y que me expusieran en la juguetería para comprarme rápido. No fui de los de primera línea, creo que me tocó la tercera...o cuarta, no sabría decirlo con certeza. Pero finalmente, llegó mi momento. Me vendieron. Sacado de mi envoltorio, ansiaba que jugasen conmigo. Pero ese momento nunca llegó. Nada más lejos de la realidad, me pusieron en un baúl con un par de peluches más y disfraces. Con alguna bombilla grande junto con lo que parecían ser trípodes de todos los tamaños y colores. Ningún niño jugaría conmigo: estaba en una tienda de fotografía. En manos de los pequeños pasaba apenas 2 minutos. A veces, incluso menos. Los momentos que me sacaban fueron disminuyendo, podía contarlos con los dedos de la mano y me sobrarían, y eso que sólo tengo un muñón. ¿Por qué tuve tanta mala suerte? Desde donde estoy ahora, los juguetes de plástico no eran tan malos.

   Eso era lo que pensaba, hasta que todo cambió un día. Hay un tío, bueno, un tío de puta madre, ya tiene una buena tupa de años. Niño desde luego no es, aunque jugar con un osito Teddy no es que sea muy de adultos. No sé, es raro. Pero de los trabajadores que suelen frecuentar la tienda es el único que sabe dedicarnos un poco de tiempo a mí y a los otros juguetes. Sólo el se toma la molestia de sacarnos y darnos vida. Y nunca me ha roto, al menos no a día de hoy. ¡Chuparos ésa, muñecos de plástico! ¡Y encima, sabe sacar mi perfil bueno! ¡No es tan malo la vida de osito modelo, claro que no!


   - Gracias Teddy: porque no todo son fotos perfectas. Porque sólo él, ese osito de trapo, es el que me ayuda cuando tengo una idea para iluminar. Porque me volvería loco en el trabajo si hubiera perdido esa vena infantil, una faceta que ese pequeño juguete se encarga de mantener viva. Porque fuiste el mejor regalo montado a una guitarra.Por una amistad de 10 años que espero nunca se rompa. Por una generación que creció con Toy Story -