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sábado, 30 de julio de 2016

EL DESENFOQUE PERFECTO





   Me encanta esta fotografía.

   Durante algún tiempo no sabía si subirla a la red: técnicamente no es la mejor. Está claramente desenfocada y muchos dirían que por qué cuelgo la foto.

   Pensé en la de fotografías analógicas de los "padres de la fotografía" que son veneradas, icónicas del mundo de la fotografía. Algunas fotos de estos maestros son un desastre técnico: foco, exposición, enfoque...y a pesar de ello, son adoradas por expertos y por amateurs por igual. Actualmente, muchas de esas fotos serían criticadas si hubieran nacido de una maquina digital. El ver la foto ipso facto nos ha hecho olvidar algo muy importante: el momento que se captura y que no volverá a darse igual.  Hoy día, nos hemos vuelto demasiado perfeccionistas y con ello, hemos abandonado parte de la magia de la fotografía. Titulitis y perfección, titulitis y perfección...

   ¿Por qué la cuelgo entonces, si no tiene foco? Podré repetir otra foto con foco perfecto en sus ojos...y otra foto más... y otra más..y otra...y otra...¡y cien mil más! Pero capturar una sonrisa como la que me regaló en  ese momento...eso ya sería mucho más difícil.

   No todo es perfecto. Se podría decir que cuando se combina una metedura de pata de foco como ésta y una sonrisa como la suya,  es algo así como un  "desenfoque perfecto".

   Así se llamará la foto: El desenfoque perfecto. Eso o que no se enfocar.

lunes, 24 de agosto de 2015

LAS POMPITAS


   Acerca de los sueños rotos y de los que están por cumplirse.

   De todas esas fotos "quebrándose" delante nuestro,  en ese momento. De todo aquello que no salió bien y de no saber qué hacer cuando las sonrisas, los gestos y esa pose tampoco funcionan. Posiblemente de eso nos reíamos.

   Ya el primer globo que echó a volar fue desviado con tu mano. Lo golpeaste con fuerza en un puro reflejo del niño que llevamos dentro. La risa continuada al saber que la foto no había salido no hicieron sino vaticinar el desastre que venía.

   Emular los Tres Monos Sabios tampoco fue buen idea y recurrimos al plan maestro: las pompas de jabón. Soplar tampoco fue la solución, pues entre las risas y la falta de destreza, contadas fueran las fotos salvables. El ventilador nos ayudó bastante y nunca antes me vi disparando con la cámara en una mano y haciendo pompitas con la otra, sin niguna mano libre. Me lo pusiste difícil, muy difícil, pero bien mereció la pena.



   ¿Qué tendrán las pompitas que nos pueden? Soplarlas a través del aro ya es una gozada e independientemente de la edad, nos quedamos embobados mientras flotan en el aire. Nos cautivan sus colores, su olor limpio a jabón...son mágicas. ¿Y romperlas con el dedo? Cuanto más cerca de la cara y cuanto más salpiquen haciéndonos notar su frescor, mejor. Únicas, capaces de atraer toda nuestra atención. Pero efímeras.

   Y en cada pompita, un deseo. La pregunta es cual se romperá primero.