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lunes, 8 de agosto de 2016

LLÁMAME: UNA SOLA LLAMADA



   El dibujo no es mío. Y suerte he tenido de no salirme de las líneas. Un dibujo en un banco de imágenes. Ningún autor presente en la ilustración. Ningún nombre.

   La tienda situada cerca del metro Bilbao no tuvo prisa por abrir hoy. Pese a que llegarían a pasar 40 minutos de la hora indicada en su horario, no hizo acto de presencia. Durante los primeros minutos di una vuelta para malograr alguna foto mientras la cámara se derretía en mis manos, deshidratándome con cada pasito y ligando con la tímida sombra que se escondía de mí. Después de varios rodeos a las calles, decidí sentarme a esperar a que abrieran sentado en la acera. El móvil fue el que me salvó del aburrimiento. Hasta un mensajero se paró en la puerta del local e hizo un gesto de desaprobación antes de irse. Los minutos siguieron pasando.

   Absorto en mi mundo, perdido en instagram, alcé la cabeza al sentir un llanto. En la acera enfrente mío, entre dos coches, yacía una mujer de rodillas, con la cabeza clavada en el suelo mientras lloraba. Un viejecito en su acera fue más rápido y la atendió primero. Pensé que se trataría de algún tipo de violencia de género. No pude estar más equivocado. Al acercarme, la mujer lloraba junto a su mascota, sujetando aún la correa con fuerzas, mientras el animal se encontraba inmóvil tumbado en el suelo. El pobre bulldog se echó fatigado en la acera y no pudo levantarse más. La mujer no dejaba de llorar y a pesar de echar las manos al móvil para llamar a un veterinario, nos dijo que ya había llamado ella. Venía de ahí, a un par de manzanas de donde estábamos, por una revisión de la piel del animal: nada más. La mujer me dijo que creía que ya no respiraba. Me clavó los ojos, pidiendo una mentira. Me acerqué al perro y comprobé lo que ya todos los curiosos alrededor vaticinaban. No pude sino darle el pésame. A los pocos minutos llegaron las veterinarias corriendo, las cuales cerraron la clínica para atender al perro. Comprobaron que había fallecido y tras animar a la dueña, se llevaron al animal al local para tramitar la recogida. Sin duda un día de asco, más para ella, sin duda.

   Sin saber el nombre del pequeño perro. Donde cada fotografía cuente una historia. Y porque no todas son bonitas.

sábado, 23 de julio de 2016

SPLIT LIGHT





   Quería acompañar la foto de un rollo metafísico. La foto no está tomada ayer, ni antes de ayer, ni antes de antes de...¿antes?

   La tengo guardada porque quería que fuera de la mano con un texto sustancioso. Después de meses sin encontrar ese texto, me rindo. Cuelgo sin más la foto de un vaso lleno de fanta marca gato y digo que tengo sed.

   Nada más.

¡SILENCIO, SE RUEDA!






   ¡Silencio, se rueda!

  ¡Prevenidos todos! Que la vida empieza y la apariencia termina. Rula la película que te rula, buscando tu momento. No todos serán felices, pues hasta las películas Disney tiene un conflicto. No tengas miedo de interpretar un cliché...tu cliché, aunque sólo sea por uno o dos días a la semana. Y el resto, sé el protagonista de la historia y comparte tu momento con los secundarios, ya sean cómicos o no, pues los figurantes también aparecerán en los créditos. Vive, salta, llora, ríe, enfada, cabrea, divierte, falla, disculpa, viaja, vaguea, duda, decide, tropieza, cae, levanta, planea, improvisa, golpea, acaricia, pide, regala, enamora y enamórate. Y todo hasta que esa señora que dirige la película diga: "Corten".


  Y aunque quizás n
o ganes esa estatuilla de reconocimiento, vive de tal manera que hagas al público levantarse de su butaca y aplaudirte entre lágrimas de emoción por tu actuación.

domingo, 10 de enero de 2016

LA LUZ DE UNA VELA



   Proteger la llama con las manos, rodeándola, fue la opción que se gestó en mi cabeza. Una luz que una vez nacida, podía mantenerse por sí misma. En ese vacío, en esa "nada" era reconfortante verla.

   Sabemos desde el primer momento que tocamos una llama, lo mucho que quema. Lo que duele. Pero ahí se mantenía encima de la mesa de madera, bailando con los pequeños movimientos al desplazar la vela que la daba vida. Danzando con la veta de la mesa, dibujando sombras que parecían que por un momento fueran a desvanecerse junto a la luz que las sostenían.

   Al rodearla con las manos intentando recrear la imagen de mi mente, me quemé. Quema, recuerda: es uno de sus atributos más conocidos. Si la tocas, te hiere. Y si eres capaz de permanecer junto a ella, no hará sino dejarte una cicatriz por tu ineptitud. Sabemos que su calor es reconfortante contra el frío. Sabemos también que su luz nos da un soplo de aire fresco cuando no vemos nada. Pero sabemos que estar muy cerca de ella...bueno...lo sabemos...

   No logré la fotografía que quería. En vez de eso, aproximé mi mano para tocarla una vez más. Para sentirme arropado con su calor. A pocos centímetros de ella y tan distante a la vez, ya empezaba a doler. A penetrar por la piel como una aguja.

   No había razón para quemarse. Retiré la mano y soplé: pues es así como los deseos se cumplen al matar la luz de una vela.