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viernes, 2 de diciembre de 2016

DECÁLOGO NAVIDEÑO EN COMERCIO




1 - Amarás el domingo sobre todas las cosas como fin para descansar de los clientes pesados ( ¡Ah no, que en Navidad se abren todos los domingos!).

2 - No dirás el nombre del cliente en vano (salvo para cagarte mentalmente en su santísima madre).

3 -  Santificarás los "5 minutos más, mamá". El despertador sonará con increíble crueldad, estimulando tus tímpanos y produciendo una reverberación hacia tus huesos y tendones, que activarán los dolores musculares y agujetas varias resultantes de subir y bajar cajas del almacén por la continua afluencia de la clientela en este magnífico mes. No se olvide de sonreír, por favor.

4 - Honrarás a Papa Noël y los Reyes Magos. Son el fruto de que tú puedas dar gracias por trabajar bajo una presión total, con tintes esquizofrénicos-homicidas y un bipolarismo continuado bajo la lucha mental "mátalos a todos...déjalos vivir...mátalos a todos...déjalos vivir...mátalos a todos..."

5 - No matarás...depende. Depende del tocahuevos al que te toque despachar.

6 - No cometerás actos impuros. Ante una cola de clientes impacientes que no han tenido más tiempo que la víspera de Nochebuena o el mismo día 24 (así como Nochevieja y la noche de Reyes), no podrás equivocarte al dar el cambio, ni el rollo de tickets se podrá agotar, ni la red del datáfono se vendrá abajo... Todas, toditas estas acciones serán considerada como actos impuros y tú tendrás la culpa.

7 - No robarás: te robarán. Los clientes te robarán tu paciencia, tu educación y de igual forma, te mermarán la vida hasta ese glorioso momento de cada día en la que tienes la verja totalmente bajada a salvo de los clientes de última hora. Sí, a salvo hasta ése que te pregunta "¿Ésta cerrado?", a pesar de no caber un folio por debajo de la verja.

8 - No darás falsos testimonios cuando te pregunten si estás enfadado o cansado debido a que los músculos de tu cara ya son incapaces de ejercer expresión alguna por la fatiga. Sonreirás pese a los calambres continuados en mejillas derecha, izquierda o ambas a la vez por acción directa de las agujetas pomulares.

9 - No consentirás pensamientos ni deseos impuros salvo con esos clientes que debido a su magnificencia física hacen que te enamores instantáneamente de ellos, siendo lo único bonito a lo que dedicarás una sonrisa sincera.

10 - No codiciarás los bienes ajenos. Sobre todo cuchillos, alfileres, alicates, destornilladores y demás herramientas punzantes de tu local de trabajo con las que agujerear a los clientes diarios.

El día 1 de diciembre llegó. Diciembre ya está aquí.

Feliz Navidad: la veda de los dependientes se ha abierto.

Suerte, compañeros que trabajáis en comercio. No lloréis, sed fuertes.

martes, 7 de junio de 2016

SOPLA EL VIENTO



   Ella se manchó mientras dibujaba algo, ¿tinta, me dijo? Sus dibujos han experimentado un gran crecimiento a pesar de lo hastiada que terminó de otra disciplina. Yo miro mis manos y me sorprendo por una mancha en la palma de la mano izquierda. Tras una quedada fugaz con la que ha sido compañera de batallas y discusiones intelectuales de éstas que cambiarán (algún buen día) el mundo, corrí escaleras mecánicas abajo. Brincando entre escalones para no perder el tren que se aproximaba, me agarraba al pasamanos con fuerza entre salto y salto, ahí tuve que ensuciarme con la cinta negra.

   En el metro, camino al trabajo, un hombre entre tantos otros se para en un espacio del vagón. De pie como yo, él porta un carrito con ruedas. En su mano derecha, un instrumento de viento. ¿Flauta, oboe, clarinete, fagot? Ni la mínima idea, aunque me decanto por la primera. Enciende el aparato dentro del carrito y la melodía acorde a notas de piano empieza a sonar. La canción es de sobra conocida y él empieza a soplar mientras los dedos se mueven. La canción duró un par de estaciones. Larga, sin duda, pero fue agradable oírla.

   El hombre era uno más, con sus pantalones cortos. El calor del verano entrante también le hacía mella. Pensé en el color azul de su camiseta mientras tocaba, de un tono parecido al de la línea azul de metro de Madrid. El mismo color, sí que es difícil. Los viajeros le iban echando monedas y al terminar la canción alguno se paró a hablar con él.

   Para cuando hubo terminado y  las puertas del metro se abrieron, todo se volvió a quedar vacío: el traqueteo del tren mientras continuaba el viaje, el rechinar entre vagones, la bolsa de plástico oscilando de un lado a otro en las manos de un anciano, justo delante mío. La melodía del músico se había sustituido por el sonido de un móvil con un free to play  y de otro chico que se olvido que bajar el volumen mientras se escucha música con los auriculares puestos, ayuda a evitar que se te revienten los tímpanos. El ding dong ding, próxima parada...

   Todo. Absolutamente todo eso se volvió a oír tras haber sido congelado  por una flauta y un piano de fondo apenas unos segundos antes. Sobre la canción que interpretó, te dejo a ti pensar en esa  melodía que te haya cautivado en alguna ocasión.