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lunes, 25 de mayo de 2020

DÍA 72 DE LA CUARENTENA EN MADRID


    Día 72 de la cuarentena.

   Bajo esta imagen se desvanecen las pequeñas luces. El viento silba moviendo los árboles, mientras una paloma empieza a hacerse notar, envidiosa del piar de los pájaros.

   Nuestras mejillas se han llenado de lágrimas y seguirán haciéndolo. No siempre por las pérdidas más dolorosas y lamentablemente irrecuperables. Han pasado tantas cosas pese a la monotonía de los días: noticias, aislamiento, entretenimiento, aplausos… Hemos aprendido que somos capaces de hacer más y hemos echado de menos a aquellos a los que queremos. Se han roto aparentes amistades y también  nos hemos enamorado, la mejor parte, hilos de cualquier momento o lugar. Nunca unas semanas nos han hecho aprender tanto de nosotros mismos.

   Ahora oigo el primer coche y a los primeros valientes del día conquistando la calle. Arrastrando un último sueño por una llamada hasta la madrugada. Perdí la noción de lo mucho que se veía por este hueco de mi habitación, si bien aprendí de alguna cotilla que se ha hecho profesional en poco tiempo: gracias. La telaraña cuelga deshecha y abandonada por su propietaria en esta vieja y vallada ventana. Quizás sea hora de limpiarlo todo y salir a la calle tras tantos días de confinamiento.

   Hoy damos un pequeño pasito para recuperar la normalidad: no lo desaproveches.

   Y lo que más me preocupa: ¿dónde está la araña, por Dios?

martes, 13 de febrero de 2018

FRÍA HABITACIÓN


   Recuerdo la clase: la fría clase. Y el día: lluvioso. A través de la vidriosa ventana, no había más pisos a los que subir salvo la terraza. Salir fuera no tenía mucho más sentido que el de calarse los huesos con la fría lluvia. Un día de paraguas en una sala helada. Las clases de tecnología las dábamos allí, pero no era la única. No me gustaba esa clase en demasía. Las bombonas de butano en las estanterías superiores "nos protegían" de darles malos usos. De quemar algo. Algún incidente aislado pasó, ajeno a los ojos del profesor. Tonos azules en un día gris. Esa sala se grabaría con esos colores en mi cabeza. Me gustaba perderme en mi mundo a través de esa ventana amorfa en la que no se veía nada más que el cielo bosquejado, absteniéndose de las palabras del profesor. 

   Dueños de nuestros propios sueños.